Poder, autoridad, autoritarismo y las instituciones

Poder, autoridad, autoritarismo y las instituciones

Yazmin Torres Caballero
Lic. en Psicología

Maestrante en coordinación de grupos y Psicodrama

Casa del Desarrollo psíquico, Corporal, Humanista y del Encuentro:
Kali Psyché

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Eduardo Galeano.

¿Qué podemos entender cuándo hablamos de autoridad y autoritarismo? ¿Cuál es la línea que demarca la diferencia entre autoridad y autoritarismo? ¿Qué tiene que ver el poder en esta relación?

El autoritarismo es una modalidad del ejercicio de la autoridad, una de sus características es la personalización de la ley y se determina en la sentencia, “Yo soy la ley”. La génesis de la autoridad y el autoritarismo la podemos encontrar en el poder, el cual es desde la antropología inherente a lo humano, más allá de la propuesta de Foucautl del poder como una forma de relación social, propuesta que se desarrolla desde lo social y lo político; Así mismo en toda relación de poder se compromete también la constitución psíquica de cada sujeto, por lo que cada individuo en una sociedad, grupo o institución tiene cierta disposición para colocarse en una relación de poder.

Toda autoridad tiene la función de prohibir, de marcar una ley con el objetivo de regular las normas de un grupo social; las primeras figuras de autoridad dentro de la familia son los padres.

El autoritarismo puede hacer uso de diferentes modalidades para ejercer la “fuerza”, una de ellas puede ser la violencia en sus diferentes formas y otra más la manipulación, un tipo de violencia no evidente; sin embargo en el fenómeno del autoritarismo que se da cuando la autoridad ha fallado, no existe como una regla general que designe a las masas del todo “inocentes” o víctimas del poder, más bien, forman parte de una dinámica del poder, pues se parte de que hay un sentimiento primario de inseguridad que demanda un poder autoritario; se trata de un vínculo estructurante de la subjetividad, que queda determinado desde los primeros meses de vida, ese primer vínculo entre el recién nacido y el adulto, en donde el recién nacido carece de capacidad para simbolizar sus necesidades y en esa ausencia de “poder” (el poder como capacidad) se determina entonces un vínculo de dependencia por la indefensión, de tal forma que la compleja relación y la misma separación entre autoridad y autoritarismo es evidente tanto en una institución familiar, escolar, religiosa, o laboral, pues nacemos y crecemos insertos en diversas instituciones que nos atraviesan por lo tanto, en relaciones desiguales y asimétricas.

El autoritarismo responde también a la poca capacidad de asumir la responsabilidad y el hecho de preferir dejar en otras manos la responsabilidad propia, otras manos que protejan, guíen o “sepan” dirigir. Si bien, el poder en sus diferentes formas de objetivación ha variado en sus distintos momentos históricos y contextos sociales, pero forma parte de toda relación humana y se juega dentro de toda institución. A diferencia del autoritarismo, la autoridad prevé la aplicación de la fuerza como tal: “Cuando se usa la fuerza es que la autoridad ha fallado”. (Arendt: 1976)

La autoridad es un poder institucional y legitimo que se ejerce manteniendo una distancia entre los actores parte del grupo o institución. De acuerdo a Marcuse, citado por (Zabludovsky: 1993) las nociones de autoridad y de libertad están unidas en la misma concepción y en la persona de un mismo sujeto. Sartori afirma que la libertad verdadera acepta la autoridad de la misma forma que la autoridad verdadera reconoce la libertad. (Sartori:1989)
La autoridad que no reconoce la libertad es autoritarismo, sin embargo, habría que cuestionarnos ¿cómo entender la libertad? En la institución es complejo hablar de libertad pues hasta cierto punto se deja de ser uno, se deja de ser individuo para convertirse en parte de un todo, de un sistema, en la institución perdemos parte de nosotros mismos, pero sin ella nos hundiríamos. (Salomón: 2004).

Considero que podríamos hablar de libertad en términos de creatividad aunque en algunos casos la creatividad represente un desequilibrio al grupo, la muerte de la propia institución, ya que todo sistema se encuentra en movimiento, pero podemos pensar en aquella creatividad que no lleve a un desequilibrio institucional y que se construya como un proceso integrador y colectivo en búsqueda de regresar a la tarea primordial. Probablemente a partir de las metodologías grupales y de participación grupal-social, sea posible ir acompañando los procesos de transformación natural de los grupos y las instituciones.

Referencias bibliográficas:
Arendt, H. (1976). Sobre la violencia. Alianza Editorial.
Käes, R. (1989). La institución y las instituciones. Estudios psicoanalíticos Buenos Aires: Paidós.
Salomón, G. (2004). La institución ¿enferma o se enferma? En Revista de psicoanálisis y grupos, vol. 2 AMPAG
Sartori, G. (1989). Teoría de la democracia. Vol. 2. México: Alianza Universidad.
Winkler, J. Autoridad y autoritarismo en los procesos institucionales y grupales. Algunas interrogantes para psicólogos sociales.
Zabludovsky, G. (1993). Autoridad, liderazgo y democracia. Estudios filosofía-historia-letras. México: ITAM.


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