Los secretos y su liberación

Los secretos y su liberación

José Romel  Rodríguez Guzmán
Lic. en Psicología

Casa del Desarrollo psíquico, Corporal, Humanista y del Encuentro:

Kali Psyché

 

Para introducir esta temática me gustaría hablar acerca de la película titulada: “La mujer que canta” a la cual remito al lector en caso de no haberla visto. En el film se cuenta la historia de dos hermanos y una mamá a quien en un día de descanso, parece perturbarle algo de manera importante, resulta tan fuerte la impresión, que al poco tiempo causa su muerte.

Al escuchar el testamento ambos hijos se muestran incrédulos ante las noticias que reciben, una historia de la cual no fueron partícipes, no conocían, pero a la que en el último momento su madre decide darles el protagonismo y el hermoso–doloroso regalo del que descubran su origen.

El secreto es precisamente esa información, esos hechos que existen o sucedieron pero de los cuales solo saben algunas personas en referencia a un grupo familiar, social, etc. En la película la madre se muestra una persona fría y afectivamente alejada de sus hijos, después de leer el testamento uno de ellos la llama “loca” y pues sí, ¿que otro calificativo puede caracterizar a esa persona en este caso que probablemente el protagonista más que comprender le generaba confusión?

Kernsner (2015) plantea el tema y las posibles implicaciones de los secretos familiares a propósito de un cuento de Cortázar. Establece los posibles significados existentes en la dinámica familiar y cómo es posible que a través de las acciones realizadas para la comunicación y el mantenimiento del secreto exista un deseo así como una compleja rama de vínculos e historia antecedentes ante dicha eventualidad.

Retomo la película para esclarecer que efectivamente saber el secreto, conocer el origen y de dónde vinieron les permite resignificar, primero a su madre y lo que hizo cuando era más joven. El saber el impresionante secreto de donde venían, les permite liberar ese “algo” que se siente, se actúa o hasta se somatiza.

A propósito de esto último Dolto (2000) narra el caso de un niño quien llego a consulta “embrutecido”, con 9 años de edad y sin posibilidades escolares. La psicoanalista pudo dar cuenta de que el origen de este chico necesitaba ser esclarecido, ya que su nombre era muy parecido al de su abuelo y su madre (en ese momento una prima), pues solo una letra en el apellido podía dar cuenta de esa diferencia. Fue llevado en ese momento por su madre, sin embargo se descubrió que él, era hijo del abuelo y la hija catatónica. La persona que finalmente lo cuidaba y a la que el niño llamaba madre, era la tía. No obstante se hizo necesario que el chico pudiera hablar de su origen con su abuelo-papá, con ayuda del yerno, quien finalmente fungió como su padre simbólico.

El chico con ayuda de su terapeuta, escribió una carta para pedir su acta de nacimiento con la que pudo esclarecer sus vínculos. Finalmente le expresó al abuelo–padre, reconocerlo como progenitor y no hablarlo con otras personas. Las consecuencias de conocer su origen tuvieron un importante efecto en el niño; de tener un CI de sesenta, se desarrollo hasta un nivel de ciento diez.

La verdad, en el marco terapéutico es de suma importancia para precisamente lograr esa liberación que tan solo con conocerla permite aclarar el panorama, observar la situación con otros ojos y permitir una resignificación y la posibilidad de utilizar nuevos recursos.

Referencias:

Dolto, F. (2003). Seminario de psicoanálisis para niños. Inconsciente y destinos. Siglo XXI: México

Kersner, P. (2015) Secretos familiares.Consultado en: http://www.hpc.org.ar/images/revista/151-secretosfam.pdf

 

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