La experiencia de la sabiduría

La experiencia de la sabiduría

Una reflexión sobre el libro “Martes con mi viejo profesor”

Michelle Guimond Pérez
Lic. en Psicopedagogía
Mtra. en Tanatología
Casa del Desarrollo psíquico, Corporal, Humanista y del Encuentro:

Kali Psyché

 

Creo en la dignidad humana como fuente de los objetivos a escala nacional;
en la libertad del hombre como manantial de acción en este país;
en el corazón humano como motivo y fundamento de la compasión de todos,
y, finalmente, en la mente humana como fuente de nuestra invención e ideas.
El liberalismo, la fe en la habilidad del ser humano,
la razón y el juicio son nuestro mejor, nuestra única esperanza en el mundo de hoy.

John F. Kennedy

Para analizar los diversos temas centrales del libro: “Martes con mi viejo profesor” en que está basado este articulo, me fue necesario identificar una verdad de Perogrullo, que significa que tenemos una ardua labor tanatológica, ya que para estudiar al ser humano en sus diversas etapas de crecimiento y desarrollo, debemos y tenemos que situarlo en su entorno, tanto nuclear/familiar, así como el impacto que tiene al ser un adulto mayor con una necesidad social truncada por una enfermedad crónico degenerativa (terminal) en este argumento.

“Las personas pueden superar dificultades tempranas o experiencias negativas para adaptarse mejor a la vida” (Diane E. Papalia, 1999, pág. 4). En esta experiencia, dos almas, la de Morrie y Mitch confluyen y renuevan un pacto de hacía muchos años atrás al estar en la universidad, el primero como profesor y el otro como su alumno, confabulan acordando una visita cada martes donde aprenden uno del otro, sobre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, acerca de la pasión y dedicación para seguir moviendo el cuerpo a través del alma.

Desde el punto de vista tanatológico, se desarrollan ideas en torno a la calidad de vida y muerte de Morrie Schwartz y de cómo él va al encuentro hacia su muerte y en este espacio temporal llamado vida, logrando satisfacer sus necesidades como adulto mayor.

“La sabiduría según Erikson, incluye aceptar la vida que uno ha vivido, sin arrepentimientos importantes sobre lo que pudo haber sido o lo que uno debería haber hecho de manera diferente…en suma, significa aceptar la propia muerte como el fin inevitable de una vida llevada tal como uno supo vivirla” (Diane E. Papalia, 1999, pág. 601). Esto significa en la narración de este libro, que el ir y venir de los años, el aprendizaje como aliado, las emociones perfeccionando su entorno, solidificando la utilidad y la experiencia, es así como estos dos personajes se centran en dejar huella uno en el otro y hacia los otros (en el exterior).

El encuentro de dos seres que se dan en alma, en este significado de construcción que va más allá del plano terrenal, en la consciencia del universo y de la sabiduría que uno y otro mostraron para respetar la vida, comprender el amor y aceptar la muerte en sus diversas dimensiones, permitiendo manifestarse a como cada quien ha construido su filosofía de vida.

Así también, la aceptación de la vida en el trayecto donde Morrie se sitúa, en los años acumulados, notorios en su piel, son un reflejo de la vejez corporal, con ello y de la mano la búsqueda por concretarse, siempre como “El profesor, el profesor de Mitch”, como recurso psicológico ambos valoran las enseñanzas, las narraciones y la sabiduría puesta en cada detalle.
El cuerpo envejece, se daña, deja de funcionar, reacciona al cúmulo de experiencias, sensaciones, merma pues con el avance de los años. Al encuentro de la vejez… lo que somos hoy, mañana un reflejo, eso que vamos observando que pasa con el viejo, viejo en edad, viejo en cuerpo quizá, y que no es viejo para el amor, sino sabio a la vida, eso que deja huella y marca la diferencia, lo que purifica en la enseñanza y el espíritu crece en esta alma.

Y esa vejez corporal que se lee, no es sinónimo de muerte intelectual, de muerte familiar, de muerte en él, como el ser humano digno que aún es, de y para sus vivencias y experiencias. Va más allá, llega al corazón de quienes leemos la historia a través de amor y el abrazo reparador, en la necesidad de Mitch por ser tomado con dulzura, recibiendo la pureza en la despedida creciente de su querido profesor.

Morrie cautiva por ser congruente, muestra al anciano como capaz de tomar decisiones, se ve un profesor vivaz y activo en ideas, su entorno se adapta para que tenga lo necesario para su cuidado y manejo. Definitivamente su familia, lo incluye y da los elementos para que sea un papá, esposo, amigo, vecino, familiar, compañero: digno.

La filosofía de vida de nuestro personaje principal, es dar lecciones, actuar correctamente. Es digno de sus años, porta con responsabilidad su ser sabio. Enseña que podemos transformar el tiempo que tenemos hoy de una forma sabia y honesta posible; que en los acontecimientos inherentes a las vivencias, podamos ser capaces de dar valor, y no en términos económicos, sino de utilidad y precio de tu vida, de tu calidad de muerte, en el estar consciente con tu cuerpo y dignidad, reaprendiendo a valorar el discurso del “Yo nunca”, por el “y ahora es”.

La idea central es partir de la capacidad adquirida que posee el adulto mayor a través de las épocas o su época, siendo acaso el entorno del viejo quien le teme a la muerte o es la muerte que llegará con la espera valiosa del viejo sabio.

De ser así, nuestro Morrie sabe que la muerte cobrará su vida, y que ha avisado con antelación la inevitable espera. Que llegará para dejar “la muerte” también huella, porque es a partir de esta construcción de la muerte física que se habla y anhela al muerto, a ese que era un ser vivo horas antes de la partida inevitable.

“Tenemos que preguntarnos por qué nos hemos vuelto tan insensibles, descuidados y poco dispuestos a encarar y resolver problemas cuando se presentan” (Kübler-Ross, 1985, pág. 31). Esta idea se ve ubicada en su espacio en las líneas que cuestionan al lector en visión de Mitch, esos “algos” que debemos asumir y ser responsables. El adulto mayor qué papel está jugando en nuestras sociedades modernas. Tan rampante y fugaz, tan hechiza y al vapor, vertiginosa y utilitaria. En estas formas el adulto mayor como deshecho, como fuente de problemas.

No pretendo comparar al viejo de hace 30 años y al de hoy inmerso en nuestros núcleos sociales, pero si puedo ver que el Morrie de la literatura es un ser ideal de la vejez y la enfermedad, de la creación pausada y respetada de la perdida, del apoyo para establecer duelos ideales, sanos, mejores, idóneos, con el tiempo adelante.

Y es aquí donde el análisis del libro puede sacudir al lector, porque no todo es el tiempo, el tiempo junto con la vida se esfuman, y qué pasa si ya no hay más tiempo, la invitación es a elaborar proyectos a corto plazo -preferentemente-, aunque se pueden elaborar en mediano y largo periodo, dando el ánimo para replantearse miedos y posibilidades ante lo que si tiene ahora y se puede modular. Salud, vida, amor, una familia, sueños, proyectos, satisfactores, búsqueda, una mente funcionando y creando.

La idea de ser útil y aportar más de lo que ya se hizo con hechos y realidades. La contraposición de la edad no es sinónimo de muerte, ese un verdadero significado. La búsqueda por trascender se hace en esta vida, la calificas en tu propia escala con lo que cuentas, con esas herramientas de vida que has adquirido en el trayecto y que nadie debe ser capaz de juzgar.

En este su recorrido, parte de empezar y reestablecer formas de vida digna, le permitió a Morrie concretarse y reafirmarse como un anciano capaz de decidir y vivir hasta su muerte, enseñando y aprendiendo de la vida, dando amor y recibiendo esos abrazos que son necesarios para saber que no estamos solos. (Longaker, 1998) “No podemos controlar el juego que nos reparte la vida; todo lo que podemos hacer es decidir cómo jugar las cartas que tenemos en la mano. Así que podemos utilizar las experiencias de sufrimiento como oportunidades para enfocar las energías del corazón y de la mente.”

En esta etapa de vida y en el estudio del Thanatos hay mucho más que ver, sentir, estudiar, hacer, crecer y proponer, que simplemente rondar en la pérdida. La vida (experiencia) del tanatólogo supera el estereotipo, hoy en día se inserta en una nueva existencia del ideario social, una nueva visión de acción colectiva, pero sobre todo rebasa pensar la muerte como hecho fáctico que se reduce al cese de la respiración, el enfriamiento del cuerpo y la pérdida de los signos vitales.

Esa es la enseñanza en el análisis de los personajes de esta historia, la huella, el encuentro a lo inevitable como vivir y morir. Hasta cierto punto, la Tanatología representa una esfera de amor a la vida que debe ser entendida, dando significados en nuestra trayectoria con las personas principales que se muestran desnudos al plantear sus vidas como mejoras y oportunidades de reafirmar quienes son y cómo quieren ser.

¿Soy, somos o deberíamos ser un alma desnuda, que ha de desmitificarse, desestigmatizarse de la sociedad, de eso que aprendimos? Resignificar, resignifiquemos, resignifico mi ser, el anhelo de un ser completo, lleno de experiencias y emociones, un ser integrador, responsable de seguir moviendo el alma.

Trascender con intención, vivir con decisión, amando auténticamente este presente.

Referencias

Diane E. Papalia, S. W. (1999). Desarrollo humano. México: Mc Graw Hill.
Kübler-Ross, E. (1985). Una luz que se apaga. México: Paz México.
Longaker, C. (1998). Afrontar la muerte y encontrar esperanza. México: Grijalbo.


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